Desde el concepto de "amor que todo lo puede", hasta la predestinación del mismo con la idea de la "media naranja", pasando por la entrega total y exclusividad para con la otra persona, coexisten múltiples mitos relacionados con el amor romántico, los cuales refuerzan la idea de aguantarlo todo porque una relación funcione, dejando a un lado nuestro bienestar y felicidad, abandonándonos... Estas relaciones disparan la dependencia emocional y legitiman la imposición de límites, invasiones de intimidad, el corte de lazos y la normalización de conflictos, derivando en la aceptación y asunción de distintas manifestaciones de la violencia de género.

¿Todo vale en nombre del amor?


Con la aceptación de cada mito del amor romántico vamos bajando, escalón a escalón, hacia un agujero oscuro del que es verdaderamente complejo ascender y renacer. Cada paso que damos nos aleja de nosotras mismas, de quién nos quiere, tornando más complicada la posibilidad de que nuestro entorno detecte qué está ocurriendo, así como una salida por nuestros propios medios.

Redes sociales, canciones, series y películas normalizan, alimentan y romantizan estas falsas creencias, omitiendo el impacto que suponen en la sociedad y especialmente en las mujeres, perpetuando sensaciones y experiencias que abocan al fracaso, cuyo destino ineludible es la cruda vivencia de la violencia de género en su máxima expresión.

La coeducación es, en este sentido, un elemento clave que permite la identificación de estos mitos y conductas, así como de la repercusión que tienen sobre las personas. Pero la cosa no queda ahí, en edades adultas estas ideas preconcebidas sobre qué es el amor siguen arraigadas y originando un impacto negativo.

La violencia de género es silenciosa para quien no cuenta con herramientas para escucharla. Son numerosos los cambios que experimenta y manifiesta una mujer cuando vive una situación de este tipo, cuya percepción y apreciación requiere sensibilización en cuestiones de género. Contextos como el ámbito educativo en el caso de menores o el laboral, en el caso de personas adultas, nos permiten prevenir, detectar e intervenir cuando se requiere.

Desde Igualia contamos con un Protocolo de Violencia de Género para las empresas, a fin de dotar a las organizaciones de herramientas eficaces para la prevención y gestión de estas situaciones, así como para la protección de las víctimas. Es crucial que la plantilla sea conocedora de la existencia de dicho instrumento, así como que sea accesible para la misma, además de que reciban formación específica en la materia, permitiéndole la identificación de conductas susceptibles de derivar en violencia de género, así como de aquellas que ya la constituyen. Dicha cuestión posibilitará la interposición de una denuncia que acabe con la situación y tienda una mano a quien haya descendido en esos escalones.

Por otro lado, es esencial que mandos intermedios y directivos de las organizaciones dispongan de conocimiento suficiente para identificar e intervenir en estos casos, sin permitir que estas situaciones se invisibilicen o perpetúen.

Lo que no se nombra, no existe. Debemos contar con formación y herramientas para la erradicación de esta lacra social. Porque podemos renunciar a la esencia de las personas por culpa de creencias en príncipes azules y por normalizar vivencias y experiencias carentes de justificación cuando se trata de relaciones igualitarias y saludables.

En Igualia somos expertas en igualdad, con posibilidad de facilitar a las empresas las herramientas necesarias para el abordaje de estas situaciones y su cese, así como para acompañarlas en cualquier aspecto que así lo requiera.

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