En nuestra sociedad actual no podemos evitar pensar en el mundo del deporte como algo hegemónicamente heterosexual, en el que no cabe la posibilidad de diferentes perspectivas. Lo femenino y lo queer se usa normativamente como insultos en este terreno. Solo la heterosexualidad masculina está permitida, siendo la norma de comportamiento incluso para personas que no son hombres ni son heterosexuales.
En este contexto que cuenta con años de desarrollo, hemos podido incluir pequeños avances de inclusión, aunque aún queda mucho camino para que estos cambios se asienten y puedan ser percibidos como propios del deporte en sí mismo. Por ello, la importancia de referentes culturales es de vital importancia, ya sean figuras reales o de ficción.
En los últimos meses hemos visto como la serie Heated Rivalry se ha consolidado como serie del momento, llegando a ser un fenómeno viral. Esta se trata de una serie canadiense que narra la relación romántica secreta de dos jugadores de hockey profesionales, pero que se presentan como rivales de cara a la sociedad.
Lo original de esta serie es precisamente la perspectiva que toma de este romance homosexual. No lo hace desde el trauma o desde el sufrimiento de los personajes, sino desde una perspectiva vivida del amor y de su desarrollo natural.
Esta perspectiva es muy importante, siendo uno de los puntos que su creador, Jacob Tierney, dice haber tenido claro, el mostrar una relación homosexual con un final feliz, haciendo ver que esto es real y posible.
Contar con este tipo de referentes dentro del mundo del deporte es fundamental, siendo la creación de contenido ficcional un punto de especial relevancia. Vivimos en un contexto hiperconectado en el que se construye la realidad en base a lo que observamos en redes sociales. Las referencias ficticias no solo reflejan una carencia que debemos atender, se convierten en el propio material que completa esos huecos.
Aun así, el cambio de una institución hegemónicamente masculina es realmente difícil. Eric Anderson habla de esto en su estudio Sport, Masculinities and Sexualities, donde habla del deporte como espacio histórico de reproducción de la expresión de la heterosexualidad obligatoria, donde la homofobia sirve para disciplinar y castigar a los hombres para mantener jerarquías de poder.
La violencia está normalizada en estos contextos, hasta tal extremo como lo sucedido hace unos meses contra Pascal Kaiser, un árbitro alemán que propuso matrimonio a su novio en directo durante el partido entre el Colonia – Wolfsburgo. Esta escena de muestra de amor se transformó después en una caza demencial cuando varios hombres le esperaron en el jardín de su casa para darle una paliza, alegando “ser un comportamiento sodomita repugnante”
La violencia que hemos aprendido a normalizar es la más difícil de erradicar. Hace falta un trabajo constante de justificación e imposición de modelos diferentes.
Debemos dar voz a personas que expresan sus vivencias de formas diversas y que defienden un modelo inclusivo, como los futbolistas Borja Iglesias o Héctor Bellerín, quienes defienden públicamente una masculinidad crítica con el machismo, y se muestran comprometidos con el feminismo y abierta a la diversidad sexual y de género.
Es cierto que esta posición es blanco fácil para muestras de odio y violencia, pero ningún derecho se ha ganado sin el esfuerzo y la lucha.
El deporte se ha convertido en la actividad de moda y de canon durante los últimos años, acceder a él es más fácil que nunca, ya que es lo deseable. Aprovechemos esta oportunidad y demos una dimensión inclusiva a esta actividad. La salud no solo está en los músculos, también en los ojos que nos miran.


